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Lanata de la leche progresista, por Hugo Presman

Bernardo Neustad lo vaticinó antes que nadie. Preguntado a quién veía como
su sucesor, respondió arrojando su nombre, entonces emblema del periodismo
progresista. Parecía demasiado arriesgado, pero no para el ojo avizor de
quien había concretado su popularidad a fuerza de un periodismo militante
siempre del lado del poder, de las frases falaces y contundentes pero con
buen envoltorio publicitario y un permanente acomodo a las circunstancias.
Su sucesor ha recorrido un largo camino

Lanata de la leche progresista, por Hugo Presman

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Título original: LA NATA DE LA LECHE PROGRESISTA

Autor:  Hugo Presman

Fuente: Reconquista Popular

Bernardo Neustad lo vaticinó antes que nadie. Preguntado a quién veía como
su sucesor, respondió arrojando su nombre, entonces emblema del periodismo
progresista. Parecía demasiado arriesgado, pero no para el ojo avizor de
quien había concretado su popularidad a fuerza de un periodismo militante
siempre del lado del poder, de las frases falaces y contundentes pero con
buen envoltorio publicitario y un permanente acomodo a las circunstancias.
Su sucesor ha recorrido un largo camino. Ingenioso, aportó un aire
desacartonado al periodismo con la innovación que significó Página 12 que
luego trasladó con rasgos propios a la radio y la televisión. Mezcla de
periodismo con recursos histriónicos, acercó en televisión a una franja de
televidentes jóvenes. En la segunda década infame su discurso de la
antipolítica sintonizaba con el desprestigio que el menemismo arrastró a la
política, instrumento insustituible para el cambio de las sociedades. Fue su
momento de máximo prestigio. Su ego se infló y nunca volvería a adelgazar.
Sintetizó en su persona al denunciador impoluto, al fiscal y al juez. El
periodista, el que reflejaba lo que pasaba, era más importante que los
protagonistas a los que apostrofaba, disminuyendo su importancia mientras
incrementaba la suya.
Según sus propias declaraciones, renunció a Página 12 cuando la compró
Clarín. Consideraba en 1994, incompatible su trabajo en los dominios de
Magnetto- Noble. En televisión, decidió dejar su programa en manos de sus
amigos Paenza- Tenembaum- Zlotowiazda. El 20 y 21 de diciembre lo encontró
lejos de la televisión y en el extranjero. Volvió raudo, se peleó con sus
amigos por la titularidad del programa, y transmitió desde el parque
Rivadavia la “revolución de las asambleas.” En aquel clivaje de la historia
argentina con dos mensajes contradictorios, él recogió lo que había
predicado: la antipolítica sintetizado en el “que se vayan todos.” El arribo
del kirchnerismo y el renacer de la política lo dejó en posición adelantada.
Intentó volver al estrellato con el diario “Crítica” una remake precaria y
mediocre de Página 12 en donde fue cediendo su participación accionaria a
manos de un conocido especialista en vaciamiento de empresas, con el que se
asoció porque necesitaba de sus fondos para continuar, mientras mendigaba
apoyos en la embajada norteamericana como consta en WikiLeaks. Tal vez
porque su fulgor periodístico empalidecía, integró el elenco de una revista
porteña, donde con el pretexto de hacer lo suyo, interpretaba un patético
monólogo en un escenario poco propicio.
Se fue de “Crítica” meses antes del cierre de la aventura, que dejó una
estela de trabajadores en la calle. Algo parecido había sucedido años antes
en su portal de Internet, a través de la experiencia de Data 54 y su
quiebra individual en la revista XXIII, donde sostiene que fue engañado. Su
estrella se apagaba y anduvo por Canal 26 en un programa donde lucía
herbívoro y desmotivado, con un resultado precario previsible. Desapareció
de los medios locales y realizó algunas experiencias televisivas
internacionales con cierto éxito. Volvió con columnas en el “periodismo
puro” de Perfil y luego en la prensa amarillista e infame del diario “Libre”
de la misma editorial. Ya estaba preparando el terreno para pegar el salto
final hacia su decadencia exitosa. La que le permite rating y popularidad a
cambio de prestigio. Recuperada su amistad con Ernesto Tenembaum, del grupo
Clarín, lo entrevistó y ahí afirmó que en el conflicto entre el gobierno y
Clarín, con la ley de medios audiovisuales de fondo, él, fiscal y juez de
la década del noventa, no podía menos que inclinarse, como siempre, por el
más débil, que era Clarín. Ya estaba colocando la alfombra para su pirueta.
El multiemprendimiento Clarín estaba contra las cuerdas y necesitaba un
antídoto contra 6-7-8 y Víctor Hugo Morales. El grupo hizo entonces su mejor
jugada de los últimos años. Contrató a su denunciador para Radio Mitre, y
conformó un seleccionado de soldados profesionales para la batalla, mejor
preparado para abastecer de argumentos al público cooptado hasta ahora por
Radio 10 y todo lo que sea antikirchnerismo. Pero eso era sólo la puerta
para otro escenario más impactante: Canal 13. El denunciador precoz de las
tropelías del grupo, pasaba a integrar totalmente sus filas, sin
explicaciones y cubriendo la agachada con insultos y descalificaciones a
quienes lo ponían en evidencia. Ponía lo que quedaba de su antiguo
prestigioso defecando definitivamente sobre su trayectoria. Cuenta con un
público predispuesto a aplaudir sus monólogos fracasados del Maipo, sus
chistes fáciles de estudiante secundario, su reiteración, su inclaudicable
prédica antipolítica, sus denuncias absolutamente en línea con los intereses
del grupo económico contratante. Éste le pone todos sus impresionantes
recursos a su disposición, debilitando incluso uno de sus tesoros que es el
noticiero.
Plagiario conocido del que pueden dar testimonio Pablo Sirven y los autores
del libro “El hombre del camión” Emilia Delfino y Mario Martín, el escenario
y el título del programa copia al tiempo que ironiza a la productora de
6-7-8. Si la productora del programa emitido por canal 7, responde a la
sigla PPT ( Pensado para Televisión), el programa del converso es PPT (
Periodismo para Todos). El escenario cuenta con jóvenes que se ríen de las
humoradas, mientras que en los cortes a diferencia de gente que haga la V de
la victoria de 6-7-8, aparece el agresivo fuck-you, precisamente desde el
medio que denuncia la crispación presidencial.
Tiene motivos el consumado saltimbanqui para estar contento: le sonríe el
rating, y en un rapto de ingenuidad mentiroso, no se explica por qué ahora
tienen repercusiones sus denuncias en los medios hegemónicos a los que
sirve, y consigue que antiguos enemigos de la jerarquía de Clarín como
Ricardo Kirschbaum, vengan al pie. Como director de Crítica había escrito: “
Es gracioso y patético verse corrido por izquierda por Clarín: que el diario
que convivió e hizo grandes negocios con los militares (Papel Prensa, junto
a La Nación), gerenciado por la señora que se sospecha apropiadora de hijos
de desaparecidos, que implementa el terror como política laboral (no tiene,
por ejemplo, comisión interna) sostenga en un artículo sin firma que Crítica
“moderó últimamente su posición sobre Kirchner” es tan torpe que resulta
cándido. El diario que montó ilegalmente Radio Mitre, que obtuvo Canal 13
del menemismo y logró la fusión monopólica del cable con Kirchner nos acusa
de falta de independencia. Clarín no soporta que no le tengan miedo. Me
hubiera gustado, al menos, dar esta pelea con Roberto Noble, su creador, y
no con su lobbista Héctor Magnetto y el genuflexo señor Kirschbaum, cada día
más encorvado por decir que sí. Nada de lo que digan sobre nosotros cambiará
la imagen que ustedes tienen al mirarse al espejo.”
Es ahí donde el periodista reciclado hoy trabaja, ejerciendo su “periodismo
profesional e independiente.”
Dispara contra los periodistas de 6-7-8 a los que acusa de mercenarios,
suponiendo que sólo lo hacen por dinero, siendo como todos saben que él es
un periodista “amateur” que trabaja “ad honorem”. Los primeros no ocultan
que defienden al gobierno y no posan de “independientes” como lo hace el
fumador impenitente. No me interesa buscar los motivos de los alineamientos,
sino el reconocimiento que están alineados. Los primeros teniendo que
atenuar u omitir los batracios que con frecuencia ofrece el gobierno, pero
teniendo muchos hechos trascendentales que exponer y defender con orgullo.
El ex director de Página 12, diario que lo ignoró injustamente en su 25º
aniversario, tiene que defender ahora causas innobles, negocios
ensangrentados, que oportunamente él mismo denunció.

Sobreactuando como todo converso, la emprendió contra Victor Hugo Morales
quien ignoró sus bajezas durante mucho tiempo. Hasta que lo atacó a través
de un libro de dos periodistas uruguayos.
Más allá de acusaciones descontextualizadas, sus patrones, y él reducido
ahora a ser un obediente fervoroso atacan al uruguayo no por lo que hizo o
dejó de hacer hace más de tres décadas en el Uruguay, sino por lo que hace
desde hace muchos años y fundamentalmente desde en los últimos cuatro en la
Argentina. Víctor Hugo podría dar vuelta la frase de aquella carta
mencionada en Crítica, contra Clarín, ahora en referencia a su autor: “Nada
de lo que digas sobre mí cambiará la imagen que tenés al mirarte al espejo.”
Lanata lo hace nada menos que desde un lugar cómplice de la dictadura
establishment-militar, que edulcoró notas sobre las campos de concentración,
que en ese período su accionista emblemática realizó adopciones irregulares
y su mentor operativo está acusado por Lidia Papaleo de amenazarla a ella y
a su hija para la entrega de Papel Prensa en contubernio con los esbirros
del terrorismo de estado. En un ámbito donde no se admite la representación
gremial. ¿ No sería un buen tema a tratar en Periodismo para Todos?
El autor de estas líneas criticó sostenidamente a Víctor Hugo por sus
posiciones durante el conflicto entre el gobierno y las patronales del
campo. Era una diferencia ideológica y los señalamientos tenían intensidad
porque dolía esa actitud del conductor de “La Mañana”, en contraste con lo
que era dable esperar por la trayectoria del notable relator deportivo.
Toda Radio Continental se alineaba con la mesa de enlace, fiel a su slogan
“La radio que escucha el campo argentino”.
Desde nuestro programa radial “El Tren”, también señalamos algunas
vacilaciones de Víctor Hugo al lanzarse la discusión de la ley de medios.
Pero luego se autocríticó descarnadamente y en nuestro programa llegó a
afirmar que “formó parte de una patrulla infernal” durante la 125, que la
misma horda de la que formó parte, ahora lo ataca cuando pasó a defender
medidas del gobierno con las cuales coincide, desde el fútbol para todos a
la estatización de las AFJP, desde la ley de medios audiovisuales a la que
luego defendió con la capacidad argumentativa que lo caracteriza a la
estatización del 51% de YPF, entre otras medidas.
Su lucha contra las prácticas y el monopolio del fútbol de Clarín es muy
anterior a la presencia nacional de los Kirchner. Víctor Hugo ha dado una
explicación política de su cambio que no tiene correspondencia en el salto
de vereda que ha dado Jorge Lanata, que flojo de argumentos reemplaza los
mismos por un arsenal de adjetivaciones e insultos.
Si alguien tiene dudas sobre quién es quién en este enfrentamiento, basta
recordar las precisas declaraciones de Pablo Llonto, periodista y abogado
vinculado a las causas de derechos humanos: “Si viene Victor Hugo a una
asamblea de los trabajadores de prensa será abrazado y aplaudido y si lo
hace Lanata será silbado y repudiado.” Por otro lado, la voz disonante de
Morales en una radio en la mayor parte visceralmente antikirchnerista, sus
problemas con los conductores que lo anteceden y lo continúan, revela la
profundidad de sus convicciones. El conductor de “Periodismo para Todos”,
recoge sus apoyos, en cambio, en las vacas sagradas del periodismo,
fuertemente deterioradas desde el debate que atraviesa al gremio. La línea
editorial del programa de Canal 13 que centra el fuego en los políticos, es
coherente al punto que incorpora la diatriba hasta en la publicidad del
programa. “Pobres políticos no pueden descansar tranquilos, el sábado Jorge
Lanata y el domingo Sebastian Borenstein” dice uno de ellos. El poder
económico queda indemne y oculto. En otro afiche, bajo la fotografía de los
ojos de Lanata, se lee: “ No somos kirchneristas, no somos macristas,….
somos periodistas .” Es el mismo truco que realizan los gestores de
negocios, que posan de economistas neutrales y que por eso proponen el
oximoron de una economía aséptica sin “contaminación” política.
Las contradicciones surcan la trayectoria reciente de Lanata atravesada por
un odio a flor de piel. Mientras se dispensan mutuos elogios con Samuel
Gelblung, periodista símbolo de complicidad con la dictadura en el pase de
Radio Mitre, es firmante de un manifiesto de pretendidos intelectuales donde
se convierte en abogado de los kelpers. Ahí puede leerse “En honor de los
tratados de derechos humanos incorporados a la Constitución de nuestro país
en 1994, los habitantes de Malvinas deben ser reconocidos como sujeto de
derecho. Respetar su modo de vida, como expresa su primera cláusula
transitoria, implica abdicar de la intención de imponerles una soberanía,
una ciudadanía y un gobierno que no desean.”
Tiempo después escribió una carta a la Presidenta, por haber concurrido a
los festejos de los 25 años de Página 12 y no haber salvado la omisión de la
empresa al no recordarlo como fundador. La misma concluye: “Con el respeto
que me impone su investidura, pero sin ningún respeto personal me despido.”
Como puede apreciarse, Jorge Lanata, aquél periodista que fue referente
durante mucho tiempo, para muchos jovenes que se iniciaban en la profesión,
pide respeto para los kelpers, el mismo que no tiene para la presidenta de
su país.
Según el venezolano Modesto Guerrero: “el lanatismo es la enfermedad
infantil del periodismo”

La nata, eso que quedaba sobre la superficie láctea en épocas de leche sin
pasteurización, es el remanente que aflora de aquel periodista que ahora
padece de encopresis.
05-08-2012

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