Mientras el crudo caballero del invierno iba dando paso a la suavidad inestable de la primavera, envueltos en el aire diáfano de una plácida y cristalina mañana de principios de Setiembre, viajamos cincuenta kilómetros desde el noroeste del Gran Buenos Aires hasta la Capital Federal para ir al encuentro de, en principio, una mujer con una historia propia lo suficientemente cargada de recuerdos, como para motorizar su inquietante presente…
Desde la Ciudad de San Miguel Arcángel. Pcia de Bs.As., Argentina. Nación Iberoamericana.
CMM Producciones Especiales.
Por Fernando Abel Maurente.
Producción: Sebastían Jiménez.
Mientras el crudo caballero del invierno iba dando paso a la suavidad inestable de la primavera, envueltos en el aire diáfano de una plácida y cristalina mañana de principios de Setiembre, viajamos cincuenta kilómetros desde el noroeste del Gran Buenos Aires hasta la Capital Federal para ir al encuentro de, en principio, una mujer con una historia propia lo suficientemente cargada de recuerdos, como para motorizar su inquietante presente. Marcela Eva Santucho, segunda hija de Mario Roberto “Roby” Santucho, fundador del PRT-ERP, en su hora el hombre más buscado del país y asesinado en los albores de la última dictadura militar, contiene en su aura una niñez cargada de obstáculos y una adolescencia y una madurez marcadas por la orfandad y el desarraigo, pero al mismo tiempo comprenden su ánimo, la asombrosa sencillez inherente a la fuerza y el temple de quien siente en sí mismo el deber de cumplir una misión en la vida, en este caso, reivindicar el legado de su padre y por él, el sentido de la lucha y de los ideales de toda una generación asesinada. En medio del bullicio del bar del Hotel Bauen, entre cafés y medialunas, celulares sonando sin cesar y la tevé como fondo, sentados frente a la mirada entre inocente y fatal de una mujer que HA VIVIDO, nos prestamos a escuchar su particular acento, entre francés, producto de su prolongado exilio en Suiza, y santiagueño, producto de su raíz centro norteña. Vuelta definitivamente de Europa en el año 2009, con los dos tomos de la biografía de su padre escritos por ella y recién editados, contenida en la atmósfera distendida que dominó el encuentro, Marce, como le gusta ser llamada, se presta a una charla distinta que a diferencia de otras, parte de Marcela, de su visión de aquellos años tan agitados y de las sensaciones que acumuló a lo largo de tanta vida, desde su niñez en las “casas operativas” hasta su regreso a la Argentina, pasando por su asilo en la Embajada Cubana, su exilio en Cuba y Suiza y el recuerdo de sus padres…(S.J.)
Fernando Maurente: Me imagino a nuestros lectores el querer saber cuándo y dónde naciste……
Marcela Santucho: Un 15 de noviembre, pero no voy a decir el año, ya aparento mucho más de lo que tengo (Risas)…
F.M.: Ah…escorpiana (risas…) como don Arturo Jauretche que nació un 13 de noviembre y John William Cooke que nació un 14…Soy un caballero, así que no pienso preguntarte el año…
M.S.: Sí, escorpiana…
F.M.: En una fotografía familiar publicada en el libro de María Seoane, en una biografía sobre tu papá, lo recuerdo a él, tu mamá y dos hermanas…
M.S.: Sí, tengo dos hermanas de la misma madre y padre y un hermano de parte de mi padre, que es fruto de la relación de mi papá con Liliana Delfino. Él nace en el 75’, con lo cual desgraciadamente conoce muy poco de mi padre, ya que era un bebe cuando mi padre muere en el 76’. En cambio nosotras tres si tenemos muchos recuerdos de él, yo tenía trece años cuando muere mi padre.
F.M.: O sea que eras una adolescente como para recordar situaciones y charlas que seguramente habrás tenido con tu papá…
M.S.: Sí, aunque me llegó a inculcar todos sus valores, sus ideales. Por supuesto que yo no sabía nada de su militancia, porque era muy chica para que él me contara todo. Pero pude estudiar todo ahora, pude leer mucho, pude hablar con muchos compañeros de aquella época en diferentes entrevistas y así llegué a escribir la biografía de mi padre en dos tomos. Ahora acaba de salir el segundo, que cuenta hasta el año 1976. Estoy muy contenta porque pude conocer bien y mejor a mi viejo y de esa manera incorporar definitivamente los ideales que en su momento me llegó a transmitir. Hoy siento que estoy aquí para dar la voz de los muertos, cosa que ya he dicho en varias ocasiones últimamente.
F.M.: ¿La voz de…?
M.S.: De los muertos, de los que ya no están, porque hay mucha gente que se ha puesto a criticarlos últimamente. Mucha gente, ex compañeros de los sesenta y los setenta, que han estado sentados con ellos en los congresos y que en aquellos años estaban de acuerdo con todo, hoy en día sacan libros diciendo que en realidad fue todo una suma de errores y que estaba todo mal. Se olvidan aparentemente que ellos también fueron parte de todo aquello. Entonces yo critico eso en ése sentido, porque se han hecho congresos de los sobrevivientes en Europa, hacia el año 77’- 78’, y se ha criticado toda nuestra línea pensamiento y de acción, de la Compañía de Monte en Tucumán hasta la lucha armada, cuando muchísimos compañeros ya habían muerto por sus ideales y por su línea política. Siento un gran orgullo por dar la voz de aquellos que no la tienen hoy, para responder a esas críticas y recordar a los que dieron la vida por los ideales del PRT-ERP.
F.M.: Marcela hablemos acerca de tu niñez…me imagino que debe haber sido distinta a la de cualquier niño….
M.S.: Cuando muere mi madre en 1972 yo tenía nueve años. Hasta ese momento vivíamos un poco con mis abuelos y un poco con mis padres.
F.M.: Ana Villarreal, tu mamá era salteña, verdad? Profesora de bellas artes, corregime si me equivoco…
M.S.: Sí, es así. Cuando mis padres intensificaron su militancia, en varias ocasiones tuvieron que enviarnos con nuestros abuelos paternos para que podamos seguir la escuela primaria y para tener una vida más estable.
F.M.: Supongo que la mayoría de los reportajes que te han hecho el centro de los mismos tiene que ver con tu papa, a mí me interesa saber cómo era tu mamá, porque no cualquier persona podía ser la compañera de Roby, el jefe del ERP…
M.S.: Mi madre era una mujer muy sencilla, no se pintaba y se vestía muy sencillamente. Sobre todo vivió y sintió en carne propia la pobreza y la miseria en la que vivían los obreros del norte argentino, más específicamente de Tucumán, donde ella vivía.
F.M.: Si la memoria no me falla, ella es detenida en un operativo en el cual el ERP estaba distribuyendo leche en una villa miseria… ¿Es así?…
M.S.: Eso lo cuento en mi primer libro, que termina con su muerte y está dedicado a ella, se llama “Mario Roberto Santucho, mi padre, el revolucionario místico”. Ella es detenida en una villa miseria, repartiendo alimentos. Al llegar la policía los compañeros se empiezan a retirar y a ella le pegan un tiro en la pantorrilla, por supuesto cae al suelo, la asiste un compañero, Ulla…
F.M.: Sí, a este compañero lo fusilaron en Trelew junto a tu mamá…
M.S.: Sí, Ulla la ayuda, la levanta y los detienen a los dos. Después mi madre logra escaparse de la cárcel del Buen Pastor en Córdoba. Mucha gente me cuenta que ella iba a verlo a mi padre en la cárcel, en Tucumán en el año 72’, y que todos los presos le pedían favores, que vaya a avisarle a la familia que estaba ahí preso, que mandara tal o cual mensaje y que entonces ella iba hasta los pueblitos de Tucumán a dar los recados. Ella era así, muy solidaria, uno de los pocos recuerdos que me queda de cuando era chica, quizás de tanto repetirlo en aquel momento, la ilustra mejor quizás. Una vez estábamos con ella, en el campo, yendo a no sé dónde y ella compra en una panadería una torta, chica, algo simple porque siempre andaba con poca plata. Y vamos a la casa de una señora, una campesina que vivía en una choza, mi mamá había comprado la tortita para darnos algo para comer, suponiendo que la señora nos iba a invitar un té o iba a preparar algo. Pero no, salimos de la casa sin que la señora nos ofrezca nada. Nos despedimos y mi madre le deja la tortita, y yo como era chica y siempre pedía muchas cosas le digo (risas): “mami yo quiero la torta” y ella me retaba bajito, “no, cállate”. A mi madre le dio vergüenza ajena que la señora esa, viéndola a ella con niños no nos ofrezca nada, pero mamá no hizo ni dijo nada. Y nos fuimos, yo me fui llorando y gritando: “ma!, quiero torta, la torta que compraste!”. Ese es un ejemplo que muestra lo sencilla que era, su perfil bajo, que no era una persona extrovertida, no era una persona que se imponía, mas bien observaba, escuchaba y era muy inteligente. Llegó a tener sus ideales políticos muy arraigados, ideales de lucha, de justicia. Era una persona muy encantadora, no era de discutir…
F.M.: … Y tu papá… ¿Cómo era Roby con ustedes?, ¿Alguna vez un chirlo?
M.S.: Bueno, a pesar de que él siguió el guevarismo, el marxismo-leninismo y la idea de la lucha armada, jamás le pegó a sus hijas. Quizás un derechista diría que si él…
F.M.: Ahh…era un traidor…
M.S.: (RISAS)…Claro, un derechista podría decir, que si siguió la lucha armada, como habrá sido en su casa. Pero no, jamás nos levantó la mano y eso que yo era traviesa…
F.M.: Marcela, vos hacías travesuras como cualquier chico, quiero suponer… ¿Eras la más traviesa de los hermanos?
M.S.: Sí, por eso soy la más reivindicativa (risas), porque hay que tener mucha fuerza, coraje y carácter para eso, te lo puedo asegurar. Solo una o dos veces me mando de penitencia por alguna travesura.
F.M.: ¿En qué consistía una penitencia impartida por el comandante Santucho?
M.S.: Quedarse encerrado en un cuarto, sin salir hasta que él lo decidiera. En cambio mi madre si nos llegó a pegar. Cuando él salía a militar con los obreros del Ingenio San José, mi madre se quedaba con nosotras, ella nos cuidaba más tiempo cuando éramos más chicas y ella sí, alguna vez me llegó a pegar, a pesar de que era tan buena. Claro que no estoy hablando de ninguna paliza ni nada, sino de llamados de atención.
F.M.: Lo que un psicólogo diría: poner límites…
M.S.: Exactamente, mi madre tuvo momentos así con nosotras porque venía a vernos mucho más seguido que mi padre.
F.M.: ¿Roby según he leído tenía una fuerte personalidad en la militancia, en el plano familiar, en la intimidad, en el trato con sus hijos era más permisivo que tu mamá?
M.S.: Era bastante estricto, pero se manejaba de otra manera, te manejaba con la mirada nomás. Él tenía una mirada muy especial, a él se le tenía mucho respeto, lograba siempre que se lo respete. Era una especie de aura, una especie de poder mental, no sé cómo llamarle, con la mirada nomás te decía si estabas haciendo bien o mal. Por ejemplo, me miraba serio cuando yo salía correteando en medio de sus reuniones, o si gritaba o hacía cualquier ruido y yo ya sabía que me tenía que calmar enseguida o salir o dejar de hacer lo que estaba haciendo. No tenía la necesidad de decírmelo.
F.M.: La clandestinidad, la operatividad de una estructura tabicada como la del PRT-ERP ¿no condicionaban tu vida de niña y la de tus hermanos? Para ser más claro: ¿vos te juntabas con otros chicos de la cuadra a jugar, del barrio o estaban limitados por cuestiones de seguridad a relacionarse con los compañeros del partido?
M.S.: Cuando estábamos en las casas operativas podíamos salir a jugar. En el 75’, en Boulogne, en la provincia de Buenos Aires, yo recuerdo que tenía amigos en el vecindario. Salíamos a jugar a la cuadra. Pasa que ya no teníamos el apellido Santucho. Teníamos un apellido falso. A partir de que volvimos de Cuba y hasta el 75’ tuvimos siempre apellido falso.
F.M.: Me imagino que siguiendo la concepción guerrillera de cambiar permanentemente de lugar, de moverse…el foquismo urbano obligaría a la familia, a vos y tus hermanos a seguir a tu papá…En cuántas casas operativas estuviste. ¿Recordás? ¿Cómo era la vida de la hija del hombre más buscado del país en su relación con el colegio…Tuviste que cambiar muchas veces de escuela?
M.S.: En varias me tuve que cambiar de colegio, en esos dos años me cambié como tres veces de colegio.
F.M.: ¿Quién hacía los trámites para regularizar la situación tuya y la de tus hermanos en una escuela? No me imagino a tu papá cumpliendo ese rol por cuestiones mínimas de seguridad.
M.S.: Los compañeros o mi padre y a partir del 75’ mi madrastra, Liliana Delfino.
F.M.: Me imagino tu vida familiar transcurriendo con una adrenalina muy particular. Me imagino a Roby no sólo dirigiendo estratégicamente al PRT-ERP, recorriendo el país y hasta viajando al exterior cumpliendo el rol político de secretario general del Partido…Entonces me pregunto si tuviste o tenías la oportunidad de estar a solas con él, de tener alguna charla en profundidad donde hablaran de política, de su responsabilidad de conducción de una organización revolucionaria que actuaba en la clandestinidad…María Seoane cuenta en la biografía sobre Santucho «Todo o nada» que la muerte de la hija pequeña del capitán Viola en Tucumán lo afecto sensiblemente…
M.S.: En ese momento yo no estaba con él, sí me acuerdo de la Batalla de Catamarca en el 74’, que también fue en Agosto. En Agosto del 72’ muere mi madre y en Agosto del 74’ mueren dieciséis compañeros en Capilla del Rosario en Catamarca. Entre ellos el “Negrito” Fernández, un gran amigo de mi padre. “El Negrito” era obrero de la zafra en Tucumán, allí, en el principio, conoce a mi padre. Al fallecer Fernández, mi papá le hizo un homenaje a su militancia que reproduzco en mi segundo libro, se titula “Nace Antonio del Carmen Fernández”. Además en el libro hay una foto en que los dos están juntos. El Negrito se alfabetizo en el partido, cuando empezó a leer lo hizo con “El Manifiesto Comunista”. Cuando yo le comenté eso a un compañero que me encontré hace poco, le dije: “que difícil debe haber sido para él, si era analfabeto aprender a leer con un libro así, tan filosófico”, y este compañero me contestó que no, que para él no era difícil, porque él se sintió completamente…
F.M.: …identificado…?
M.S.: Sí, con los obreros explotados de los que hablaba el manifiesto. Me han dicho que él andaba siempre con un libro abajo del brazo. Y que al acercarse a los compañeros de nuestro partido en los ingenios azucareros, les pidió materiales, les pidió explicaciones, porque él quería conocer como ellos hacían política, porqué, que pasaba, que ideologías había, todo ese tipo de estudio.
F.M.: Marcela, me gustaría saber cómo eran las navidades o los días de reyes, en esa vorágine que era la vida de ustedes…Tu papá estaba de acuerdo con esas festividades…Había regalos…y si no los había qué explicaciones les daba? ¿Con quién las pasaban, vos y tus hermanos?
M.S.: Sí, a las navidades, sobre todo con mi abuela, las festejábamos. Íbamos a misa, nos hacía rezar en las noches.
F.M.: Claro tu abuela era católica, obviamente Santucho…
M.S.: No, mi papá no. Mi papá me dijo desde el principio que él era ateo y mi mamá también. Pero el día de reyes magos nos regalaba juguetes, porque todos los niños recibían juguetes y cuando éramos más chicas no nos privaban de eso. Pero después con los años, cuando yo tenía 8, 9 o 10, mi madre ya empezó de educarnos de otra forma, a inculcarnos ideas en contra del materialismo y en contra del consumismo. Materialismo no en el sentido de materialismo dialéctico, sino en el sentido de amar las cosas materiales, el consumismo, actualizar siempre la ropa porque pasó de moda, todas esas cosas. Estaba totalmente en contra de eso. A mí me educó, o por lo menos yo conseguí adoptarlo, en ese sistema de gastar poco, de comprar lo necesario. Ahora tengo una buena situación financiera, y no voy y desvalijo las vidrieras de las boutiques, porque ya me quedó esa costumbre. Mirá, tengo este celular que lo compré usado y no tengo ganas de cambiarlo por uno completamente sofisticado, no quiero nada que tenga que pasar tres horas para empezar a usarlo.
F.M.: Que tengas que hacer un curso…
M.S.: (Risas) Y claro, todas esas cosas me han quedado de ellos y por supuesto que al principio no me fue tan fácil siendo niña.
F.M.: No conozco ningún hijo que no cuestione a sus padres…es lo natural, es la reafirmación de su propia personalidad, Marcela Santucho discutió alguna vez con Mario Roberto Santucho? Alguna vez te enojaste con él? De esos enojos que duran…?
M.S.: No, la única anécdota sobre esto es de una vez que nos robaron, nosotros teníamos que compartir todo, los juguetes, teníamos una sola bicicleta y nos la robaron.
F.M.: Con quiénes compartían, con los otros nenes?
M.S.: A veces con los hijos de otros compañeros que venían a jugar o sino entre nosotras, por ejemplo, nos compraban una bicicleta para las tres. Entonces no era que yo tenía mi bicicleta, mi hermana su bicicleta, y así, no, éramos tres con una sola, tenía que esperar que la otra ande para después que me toque a mí mi turno y así. La cosa es que nos roban esta bicicleta, la única que teníamos, en William Morris en una casa de barrio, la roban porque la habíamos dejado afuera. Entonces voy y hablo con Benito Urteaga, porque ya sabía que mi padre estaba contra el consumismo y tenía la suspicacia de no preguntarle cosas que lo enojaran, entonces voy y le pido a Benito Urteaga, que era muy amable (risas), “¿no podrían comprarme otra?”
F.M.: Ahhh…era el «bueno», «el papá bueno»…
M.S.: (Risas)…le dije, “quiero otra bicicleta, porque me la robaron” y Benito me contestó, “bueno, sí marcelita, le voy a preguntar a tu papá, porque no puedo comprártela yo…”. Viene mi padre al rato y me dice, “no hay más bicicleta, no la pidas.” Pero no me enojé con él, por supuesto que la respuesta no me gustó, pero de todas maneras no le podía decir nada, lo respetaba lo suficiente como para no contestarle. Y ese momento quedó para el anecdotario. Hoy el hijo de Benito Urteaga aún me dice, “yo te voy a comprar la bicicleta.”(Risas). Esta una buena anécdota para ilustrar a Benito Urteaga también. Mi hermana me dijo muchos años después, que en realidad nosotros no habíamos cuidado la bicicleta, porque ella se acordaba que nos había dicho mi padre que no la dejemos afuera para que no la roben, porque era un barrio bastante feo y nosotros no le hicimos caso
F.M.: ¿Alguna vez pasaste o pasaron vos y tus hermanos por alguna situación de violencia, o que la violencia estuviese cerca de ustedes?M.S.: Y sí, nuestro secuestro, aunque para ser un secuestro pero se pasó bastante bien.
F.M.: ¿Quiénes eran, los identificaste?
M.S.: Un grupo de tareas, un grupo de tareas, tipos enmascarados, armados, gordos, panzones, en jeans, mal vestidos, mal hablados, futboleros, llegaron todos armados, corriendo, con la panza al aire (risas)….
F.M.: Con la panza al aire???…
M.S.: Sí, gordos.
F.M.: Se les hacía la panza por abajo??? (Risas)
M.S.: Sí, en realidad no eran tipo James Bond con campera de cuero ni nada por el estilo. (Risas).
F.M.: Con quiénes estaban ustedes?
M.S.: Estábamos con mi tía y eso fue lo que nos salvó, éramos solamente nosotras tres y mis cuatro primas, todas mujeres y adolescentes.
F.M.: A dónde estaban?
M.S.: En Morón, con una tía que no militaba.
F.M.: Una casa de seguridad…
M.S.: Sí, era una casa operativa. Éramos todas mujeres, mi tía era viuda, no militaba, no sabía nada de nada y entonces no hubo resistencia. Así que con adolescentes y con una mujer que estaban asustadas, los milicos, los tipos estos, no necesitaban ni amenazar ni tirar ni nada y nos llevaron.
F.M.: Las maltrataron…?
M.S.: No, sí nos gritaron, pero poco, yo parecía más chica de lo que era, la mayoría éramos chicos…
F.M.: Te salvó tu aspecto de más chica?
M.S.: Nos separaron a los más chicos en un auto con mi hermano que era un bebé, y a los adolescentes en otro, la mayor de mis hermanas tenía quince años así que tampoco era muy grande. Nos dejaron una noche entera en el auto, en el parking de Campo de Mayo y al día siguiente decidieron llevarnos a una comisaría, porque, cuando se enteran de quiénes éramos, decidieron soltarnos como carnada para que Mario Roberto Santucho mande compañeros y los sigan hacia él. Era una trampa para atrapar a mi padre, nos sueltan y nos mandan a decir al partido que ya no podían rescatarnos más, que nos teníamos que ir a la embajada de Cuba. Aceptamos enseguida y nos sueltan al día siguiente en un hotel. De todos modos nosotros veíamos que nos vigilaban, estaban enfrente, estaban ahí los tipos.
F.M.: Claro, ellos esperaban que el jefe del ERP rescatara a su familia…
M.S.: Sí, sí, sí…
F.M.: Ustedes estaban en el hotel y este grupo de tareas rodeando el hotel…y dónde estaba el hotel, recordás?
M.S.: Me parece que era en Quilmes, porque la comisaría ya la hemos identificado.
F.M.: Y qué pasó después? La situación era realmente dramática…
M.S.: Nos sueltan primero en la comisaría y después en un hotel de las inmediaciones de la comisaría. Al día siguiente tomamos un taxi del hotel, salimos, mi tía cuando recibe esa orden le dice al taxista “a la embajada de Cuba”. Tocamos la puerta, nos abren, pedimos entrar y nos quedamos asilados un año.
F.M.: El llegar a la embajada de Cuba las hizo sentir más seguras…
M.S.: Más o menos porque eso fue en diciembre de 1975, poco después de Monte Chingolo, la situación estaba muy pesada y el 24 de marzo, cuatro meses después, rodean la embajada de milicos armados, uniformados de verde oliva. Estuvimos un año dentro de la embajada, hasta que a Videla se le ocurrió darnos el salvoconducto, seis meses después de matar a mi padre. Ni siquiera al día siguiente, seis meses después para Navidad, por gestión del Papa Pablo VI, al que mi abuela que estaba en Roma le pidió por todas nosotras, que por favor, que los más chicos estábamos hace más de un año en la Embajada de Cuba y nos dieron el salvoconducto para Cuba. El 24 de marzo del 76’, cuando rodean la embajada, pensamos que venían por nosotros.
F.M.: Eran los únicos que estaban en la Embajada o había otra gente, otros exiliados?
M.S.: Creo que éramos los únicos, o por ahí había otra señora con un niño. No había dirigentes políticos, nada importante, como para justificar la invasión a la embajada violando el derecho internacional. Teníamos miedo que nos sacaran por los pelos. Pero no, no entraron, era según ellos para evitar que entraran a asilarse. Probablemente esperaban o creyeron que mi padre iba a ir a pedir asilo en la embajada cubana. Pero no, él se quedó, y preparó un Congreso en la localidad de Moreno.
F.M.: …Si la memoria no me falla ese encuentro tuvo lugar en Marzo…
M.S.:…Sí, el 29 de marzo…
F.M.: Luego del enfrentamiento de Villa Martelli, la revista «Gente» publicó un artículo donde se mencionaba al capitán Leonetti cuya misión central era encontrar a Santucho…
M.S.: Leonetti…
F.M. Leonetti con un grupo operativo llega a la quinta de Moreno, hubo un tiroteo con la guardia del ERP que custodiaba la quinta. En ese encuentro, que era un encuentro con militantes del MIR chileno, Tupamaros del Uruguay y el ELN boliviano…Es cierto?
M.S.: Exacto…
F.M.: Marcela volvamos a la Embajada cubana…ustedes tenían algún contacto con tu papá, algún mensaje o carta a través de algún correo del partido…
M.S.: Sí, nos llegaron dos cartas de él pero nada más, era muy peligroso, había muchas medidas de seguridad con el correo. Incluso nos sugirieron que las quemáramos una vez leídas.
F.M.: Eran cartas afectivas…?
M.S.: Eran cartas de apoyo.
F.M.:Escritas por Roby, por tu papá?…
M.S.: Sí, escritas a mano por él, nos decía que nos quedáramos tranquilas, que nos íbamos a ir a Cuba.
F.M.: Conservás alguna?
M.S.: De esas no, sí conservo cartas de cuando éramos más chicas.
F.M.:Tu papá es muerto en el enfrentamiento en Villa Martelli…¿Cómo te enterás, cómo te llega la noticia?
M.S.: Nos enteramos estando en la embajada, por los Medios, por la radio, por la televisión, por los diarios.
F.M.: Admitiste desde el primer momento la veracidad de la noticia o pensaste que podía ser algún operativo de inteligencia, un instrumento de acción psicológica para generar el abatimiento en las filas del ERP…
M.S.: Al principio no lo creía, me parecía mentira, pero después, ante las evidencias, nos tuvimos que convencer sí o sí.
F.M.: El enfrentamiento tuvo lugar en unos monoblocks de Villa Martelli, al costado de la Panamericana, el 18 de Julio del 76…
M.S.: El 19, eso lo cuento en este libro, el segundo, disculpen pero yo tengo que hacer un poco de difusión de mi libro (risas), que se llama “Mario Roberto Santucho – PRT-ERP – Organizador del Contrapoder” y derecho de réplica a Yofre en su libro “Volver a Matar” . Quiero señalar que este señor Yofre acaba de publicar su cuarto libro recientemente, “El escarmiento”, y se permite poner en la tapa de su libro anterior, “Volver a Matar”, una foto de mi padre con el objetivo vender más, o sea que yo podría hacerle hasta un juicio a él. “Volver a matar”, que se vendió muy bien, supongo que fue el que mejor se vendió de los libros que escribió él. En esa foto está mi padre, al lado está Duhalde y al lado está otro abogado.
F.M.: Sí, Roca…un abogado defensor de presos políticos…
M.S.: Claro, esa foto está sacada en Chile, después de la fuga del penal de Trelew.
F.M.: Tengo presente la foto…Están ambos delante de un pizarrón…
M.S.: Sí. Yofré sostiene en “Volver a Matar”, que después del 73’ los presos políticos salieron amnistiados por Cámpora para volver a matar. Entonces yo le recuerdo a él en este derecho a réplica que le hago aquí en mi libro, que todos esos presos que salieron de ahí hoy están desaparecidos y entonces le pregunto quién verdaderamente salió a las calles a volver a matar, si sabemos que hubo un terrorismo de estado y que los que “volvieron a matar” son los enemigos de estos compañeros asesinados. Nuestros compañeros salieron a las calles para volver a organizarse, organizar la lucha por una sociedad más justa. Pero no sólo critico ese aspecto de la argumentación de Yofré. Este señor en realidad quiere criticar a Duhalde, Duhalde es hoy el Secretario de DDHH de la Nación y eso le molesta terriblemente porque fue abogado de presos políticos como mi padre y otros compañeros. Le molesta que sea el único vivo, porque han matado a Ortega Peña, a Amaya que ha muerto en la cárcel por las torturas infligidas, la hermana de mi padre, Manuela Santucho, desaparecida, vista en Orletti, el Centro Clandestino de Detención. Todos esos abogados han sido masacrados y a uno de los pocos que quedan, este Yofre lo critica. Buscó y encontró en los juzgados todas las causas de las que se ocupó Duhalde y las publicó, criticando que haya defendido a quienes defendió.
F.M.: El «tata Yofré» no es el mismo que estuvo a cargo de la SIDE durante el gobierno de Carlos Menem?
M.S.: Sí, era el jefe de los servicios de inteligencia. Pero ya no se pueden tolerar ese tipo de calumnias, hace unos años atrás la izquierda estaba muy debilitada, venían muchos libros de derecha a difamar a nuestras víctimas y no se podía decir nada, pero hoy ese momento de silencio ha terminado, acá estamos para rebatir todas esas difamaciones, esas mentiras, para contestarlas, ya no pueden decir nada, hay una página en Internet que dice que mi madre habría matado un guardia cárcel en Trelew, una injuria muy grave.
F.M.: Leí que tu mamá estaba embarazada cuando fue fusilada en Trelew…
M.S.: Yo no lo creo, eso lo dice el juez. En realidad el juez dice que vio a mi madre con panza y que ésta panza tenía una forma redonda, pero mi abuela me contó que después que nace mi hermana más chica, mi madre quedó imposibilitada de seguir teniendo hijos. Así que a eso, como mínimo, hay que tomarlo con pinzas.
F.M.: Veo que en el segundo libro que escribiste hay una serie de fotos que lo ilustra…éste era el «Gringo Menna», recordás como era él…?.
M.S.: Era muy buena persona, era muy bromista, hablaba mucho y muy fuerte. Era un compañero muy formado políticamente. El segundo de mi padre era Benito Urteaga, después vendría el Gringo Menna y después Juan Manuel Carrizo, que era otro compañero del Comité Central. En otra de las fotos de la tapa aparece Carrizo junto al compañero Mac Donald, que muere en la Compañía de Monte a fines del 76’. El Gringo Menna fue un compañero ejemplar que desgraciadamente no murió combatiendo, como mi padre y Benito Urteaga, que no tuvieron que sufrir el secuestro, la tortura, la humillación y la vejación. Al Gringo Menna desgraciadamente se lo llevan en vida y es torturado y asesinado.
F.M.: Recordame Marcela, en el operativo en el cuál cae muerto tu papá en Villa Martelli, estaba con el gringo Menna o con Benito Urteaga?
M.S.: Mi padre cae muerto en combate junto con Benito Urteaga.
F.M.: Dónde estaba el gringo…?
M.S.: Él vivía en el mismo apartamento que mi padre y Benito, pero no estaba allí cuando muere mi padre. Al Gringo lo secuestran ese mismo día pero en otro lugar, en una reunión, y de ahí se lo llevan a Campo de Mayo donde es visto con vida en 1976. Mi madrastra Liliana Delfino y la mujer del Gringo Menna, embarazada de siete meses, también fueron vistas con vida en Campo de Mayo. De nuestros dirigentes el único sufrió torturas y estuvo meses en Campo de Mayo fue el Gringo Menna. Otro compañero muy importante es el Capitán Pedro Ledesma.
F.M.: Sí, oí hablar de él. Había sido un obrero de la FIAT cordobesa…
M.S.: Sí, él era jefe de logística de la operación Monte Chingolo. Pero lo secuestran antes de la acción de Monte Chingolo y es salvajemente torturado. Se cuenta que muere en la cámara de tortura cantando la marcha del ERP ante la mirada estupefacta de los torturadores. Estaba completamente malherido, completamente destrozado y sin embargo le dedicó su último suspiro a su partido, a su organización, murió diciendo viva el ERP. Por suerte mí padre no tuvo que pasar vejaciones y torturas, físicas o psicológicas. Él y Benito pudieron reaccionar con las pocas armas que tenían, sólo una creo, y morir combatiendo.
F.M.: Según cuentan las crónicas de la época la conducción del ERP iba a encontrarse con la conducción de Montoneros (Firmenich) y la conducción de otra organización político militar, Poder Obrero, para suscribir un acuerdo de confluencia operativa entre las tres organizaciones…la O.L.A.
M.S.: Organización para la Liberación de Argentina, así la llamaron los Montoneros en homenaje a la OLP, de Palestina. Era un frente político-militar que se iba a hacer con PRT-ERP, Montoneros y Poder Obrero. La reunión fundacional se iba a concretar en julio del 76’ y no se hizo por la caída de la cúpula del PRT.
F.M.: Al parecer los servicios de inteligencia del Ejército sabían de este encuentro porque los que tenían que encontrarse fueron detenidos en distintos operativos…
M.S.: Claro, yo estuve hace poco con la dirección de Montoneros hablando del tema y me explicaron que su secretario fue secuestrado unos días antes de ese encuentro y que ellos no pudieron avisar al PRT-ERP que la cita no se iba a llevar a cabo porque, al parecer, el único que tenía el enlace con el PRT-ERP era el secretario y no ellos mismos, por cuestiones de seguridad básicamente. Justamente mi pregunta era porqué no habían avisado al PRT-ERP de la suspensión del encuentro, y me explicaron que fue por ese motivo. De hecho el otro secretario fue a la cita sin saber que se había suspendido y lo secuestran ese día, tampoco le avisaron porque no tenían otra forma de contacto más que el secretario secuestrado.
F.M.: Se especula con que Firmenich como doble agente haya entregado ese encuentro, haya entregado a Santucho…
M.S.: Sí, lo que pasa es que para mí hablar en esos términos no es políticamente correcto.
F.M.: Hablar de esto, te parece que no es correcto, de esta teoría…?
M.S.: Yo no apoyo esa teoría por lo siguiente: la sostienen un libro de John Lee Anderson, de la CIA y uno de Eugenio Méndez de la SIDE Argentina. Entonces viniendo de donde viene para mí es carne podrida. Decir que las organizaciones revolucionarias se traicionaron entre ellas no es muy creíble viniendo de agentes del imperialismo. Si me lo dicen sectores de izquierda o gente de Montoneros es una cosa, pero no puedo caer en la trampa de dos personajes como estos y soportar que dos grandes organizaciones queden mal por sus difamaciones. Hay que tener mucho cuidado, hasta que no tenga ninguna prueba no acepto esta teoría. Yo me inclino, por mi intuición y por lo que he investigado, por una infiltración en el PRT-ERP o por una traición.
F.M.: Volvamos a la situación tuya y la de tus hermanos y primos en la Embajada de Cuba…como sigue tu vida después de la muerte de tu papá…
M.S.: Volvimos a Cuba. Fue peor esta vez que en el 72’, mis hermanas, mis primas y yo estábamos con unos tutores, era una pareja mayor, eran compañeros del partido y nos llevaron a Cuba como tutores, mi hermano era muy chico, tenía un año o dos. Para él fueron como sus padres, ellos lo educaron. Y para nosotras fue muy difícil porque ya éramos adolescentes y nos mandaron pupilas a una escuela en el campo, entrábamos un sábado y salíamos el otro sábado, sólo los domingos estábamos en casa, por la mañana trabajábamos en la agricultura y a la tarde íbamos a clases. Era una vida muy disciplinada, con muchas privaciones, la comida escaseaba. Estaba completamente huérfana.
F.M.: Marcela, supongo que fueron años muy duros para vos…
M.S.: Sí, a pesar de que estaba con mis dos hermanas y con mis primas y compartíamos la escuela, no estaba sola. Sin embargo aunque esa experiencia no fue nada buena, era muy joven y no tenía quien me sacara de ahí. Mi abuela estuvo un tiempo en Cuba y después se fue a hacer las denuncias de derechos humanos en la ONU.
F.M.: Tu abuela por parte de…
M.S.: Mi abuela paterna.
F.M.: Y Qué hicieron tus abuelos…?.
M.S.: Sí, mi abuelo y mi abuela, entonces se fueron a la ONU en Suiza, recibieron el asilo político y se quedaron en Ginebra y yo después ya cuando iba a pasar a la Universidad, pasé a la Universidad y empecé Periodismo en Cuba porque ya me habían informado que no había convenio cultural entre Cuba y Argentina y que yo pensaba volver a Argentina a ser periodista, y que no me iba a servir de nada ese título porque era un país socialista.
F.M.: Llegaste a conocer a Fidel?
M.S.: No, lo vi en discursos o cuando visitaba algunas escuelas. Pero no personalmente.
F.M.: ¿En Cuba, el apellido Santucho, tenía algún tipo de significación?…
M.S.: No. Teníamos un responsable del Departamento América, que dependía del Comité Central del Partido, que nos visitaba y atendía nuestras necesidades.
F.M.: Después de Cuba hacia dónde se orientó, Marcela Santucho?
M.S.: Después le dije a mi abuela que me quería ir con ella, a Suiza, para poder hacer mi carrera, no iba a estudiar cuatro años para nada en Cuba. Y me fui con ella en el 85’, salí de Cuba para Ginebra. Y volví a Argentina recién hace tres años.
F.M.: ¿Te imaginaste alguna vez escritora?
M.S.: Sí, hace mucho que tenía esa idea.
F.M.: ¿Cuál fue el detonante, el disparador?
M.S.: Cuando volví por primera vez a la Argentina, en el 89, vi que nadie se acordaba de lo que había pasado en los setenta. Después volví en la época de Menem y todos creían que estaban en el primer mundo, todos me decían: “ahora estamos bien, tenemos el dólar uno a uno, podemos viajar, no estamos en el tercer mundo como ustedes en Suiza” y en realidad después se vio todo lo que pasó con Menem. Yo veía que había un gran culto al materialismo, que toda la sangre derramada por el terrorismo de estado había quedado en el olvido. Se había indultado a los jefes militares y nadie decía nada, como si nada hubiera pasado. Y en ese marco sentí que yo tenía que decir mi verdad. Desde que nací tuve la inquietud de escribir, me gustó siempre la literatura, tenía buenas notas en gramática y en Suiza empecé a estudiar Letras, me inscribí en la Facultad de Letras de Ginebra y así comencé a darle vida a esta idea que tenía desde hacía tantos años. Ya tenía un borrador, vine y se lo presenté a un editor, no me gustaron las condiciones que imponía y finalmente no hice nada con él. Fueron pasando los años, mejoré el borrador que tenía y en el 2008, cuando ya tenía la intención de volver definitivamente, traje casi terminado el primer libro, lo completé y después volví a terminar la licencia y a quedarme.
F.M.: Luego de la derrota militar, después de la muerte del jefe político del ERP, hubo rupturas, realineamientos y hasta serios cuestionamientos a la conducción de la conducción de tu papá?
M.S.: Sí, eso fue hacia el año setenta y siete.
F.M.: No, no, no estoy hablando después, a posteriori…quién recuerda que tuviese una actitud crítica…
M.S.: Hoy por hoy uno de los principales detractores es Luis Mattini.
F.M.: Arnold Kremer, el ebanista…?
M.S.: Sí, aunque él en sus primeros escritos reivindicó en cierta medida la figura de mi padre, y de otros hombres y mujeres del PRT, de hecho yo cité en mi primer libro algunas cosas suyas.
F.M.: Mattini como jefe del ERP en el exilio, en reemplazo de tu papá se reformuló el tema de haber encarado la lucha armada frente a un gobierno de origen popular como el de Cámpora primero y Perón después…
M.S.: Puede ser, sí y después fue sacando cosas cada vez peores, hoy en día creo que no se ve con nadie de aquella época, no tiene relación, cosa que es rara. F.M.: Mattini fue el jefe del PRT-ERP luego de la desaparición física de tu papá… M.S.: En Europa fue jefe de una de las dos corrientes en las que se dividió el ERP, una era la de él, la otra fue la de Gorriarán Merlo. Pero la de Gorriarán se fue a Nicaragua, a vivir la Revolución Sandinista.F.M.: Fue el jefe de policía en Managua del gobierno sandinista…
M.S.: Eso realmente no sabría respondértelo, sí sé que al volver de Nicaragua, Gorriarán Merlo, formó el MTP y estuvo operando en el monte.F.M.: Iban a retomar la guerrilla en el monte?…
M.S.: Sí, se organizaron en los montes de Tucumán y Salta, esto fue inmediatamente antes de la vuelta a la democracia. Cuando llegó por fin efectivamente llegó la democracia, decidieron abortar la operación.
F.M.: A ver si entendí bien: vos estás diciendo que el grupo Gorriarán se disponía a lanzar la guerrilla contra la dictadura de Viola o Galtieri…?
M.S.: Sí, en los años 82 y 83.
F.M.: Y qué los llevó de desistir de la acción militar en los montes salteño-tucumanos……
M.S.: Gorriarán Merlo decidió que bajen del monte al llegar la democracia, con Alfonsín. Pero, sinceramente, no quisiera hablar del MTP, no quisiera hacerme cargo de cuestiones por las que deben responder otras personas.
F.M.: Bien. Habría que preguntarle a otra gente. Pasemos a otro tema. Eran los Santucho en Santiago del Estero, no sólo una familia muy numerosa, sino altamente politizada. Con mucha discusión, con un alto voltaje en las mismas, teniendo en cuenta la diversidad de expresiones político partidarias que había en el seno de la familia: izquierdistas, radicales, inclusive tus abuelos eran militantes radiales yrigoyenistas. Yo me pregunto: cómo es que a ninguno de ustedes los seduzca la política.
M.S.: ¿A mí y a mis hermanos?
F.M.: Claro, a ustedes, a tus hermanos…a vos…
M.S.: Nosotros somos hijos del exilio, tuvimos muchos problemas, somos hijos de la orfandad. Mi padre adquirió mucha conciencia porque, entre otras cosas, pudo vivir una vida normal, se recibió de contador a la edad normal, tuvo siempre el apoyo de sus padres, tuvo a sus padres vivos, se casó normalmente, tuvo hijos normalmente. En cambio yo por ejemplo empecé la universidad con más de treinta años, no pude hacerlo antes porque no tenía quien me banque, tuve que pedir una beca en Suiza para poder estudiar. Y a mis hermanas también les pasó lo mismo, no exactamente, claro, pero ellos volvieron antes Cuba, en la década del noventa.
F.M.: Con grandes dificultades…Yo te pregunto Marcela: a vos no te interesa la política?…
M.S.: Pasa que acabo de llegar, tres años no es tanto para estar identificada con todos los problemas sociales, económicos, todavía me quedan lagunas de exilio. Muchas situaciones de la historia reciente las conozco pero no las viví, las jornadas del 19 y 20 de diciembre 2001 las conozco por la televisión suiza, lo único que pasaban en el noticiero eran los asaltos a los supermercados. Después supe lo de Puente Pueyrredón, pero recién hace un año porque lo leí. No viví muchas cosas. De todos modos hay que seguir luchando, a mi entender las organizaciones de la década del setenta no fueron derrotadas, para mí no es una derrota enfrentarse a un poder mil veces más grande, que cuenta con todas las armas, los jueces, la plata de la CIA, de los monopolios. Es como que un grande le pegue a un niño y se diga que lo derrotó…
F.M.: ¿Por qué te parece que el pueblo no apoyó la lucha armada, la propuesta político militar del ERP?
M.S.: Lo dije hace poco en otra entrevista, eso no se dio porque hubo un repliegue de masas, entonces una o dos organizaciones no pueden hacer una Revolución sin apoyo popular. Por más que haya cinco mil militantes muertos del PRT y quince mil de Montoneros, según mis cálculos, treinta mil personas no pueden hacer una Revolución en un país con intereses tan grandes para el capitalismo internacional y nacional, tenía que ser un pueblo entero. Hubo un repliegue de masas en el 76’ muy fuerte por miedo a la dictadura militar, impusieron el toque de queda, “prohibido salir desde las 10 de noche”, desaparecidos llevados de los pelos de los restaurantes, de los cafés, nadie decía nada porque si no también te llevaban. Todo eso yo no lo viví porque no estaba acá, pero todo el mundo sabe que fue así. Entonces hubo un repliegue muy fuerte, fueron de siete años de terrorismo de estado, siete años de sangre derramada por el pueblo.
F.M.: Si hoy viviera tu papa, pensás que se hubiera levantado en armas contra el gobierno de Cristina como lo hizo con los gobiernos de Cámpora y la viuda de Perón??
M.S.: No, contra este gobierno no. Hay que reconocer sus logros, la Ley de Medios que ataca a Clarín y a todos los medios monopólicos, la Asignación Universal por Hijo. Haciendo una síntesis, yo pienso que en este país hay un gran componente de clase media, con una población muy diversa, con mucha influencia europea, inserto en mundo globalizado, con una humanidad cada vez más materialista, entonces mucha gente prefiere vivir en un capitalismo tercermundista antes que pensar en el socialismo, en un país donde no haya miseria, no haya pobreza, no haya indigencia, donde no haya injusticia. Hay demasiado individualismo, y a esa problemática se le suma el peronismo, que para mí es una ideología de la clase media, qué no plantea un cambio de sistema, genera mejoras salariales y nada más.
F.M.: Los jóvenes kirchneristas hoy consideran que el gobierno está a la vanguardia del proceso de cambio. ¿Vos considerás que el gobierno va a profundizar las medidas, el modelo y que éste va a derivar en un proceso revolucionario?
M.S.: No, no sé hasta qué punto, en realidad no creo que entremos en un proceso Revolucionario. Pero valoro que hayamos vuelto a tener voz como pueblo, de hecho me están haciendo muchas entrevistas y mi libro se puede publicar sin problemas. Además creo que si se sigue adelante con este proyecto de gobierno, se profundizará la política de Derechos Humanos, se sabrá más sobre la historia de los 70’s, vamos a seguir con los juicios a los genocidas. Lo cual es fundamental para seguir adelante y educar la conciencia de este pueblo.
F.M.: Marcela, podrías definirme en una palabra a tu papá…?
M.S.: Indigenismo. Lucha contra la injusticia social y defensa de los oprimidos, los explotados y los analfabetos.
F.M.: Algo que yo no te haya preguntado y te gustaría que te pregunte…te pido que cierres vos el reportaje…Te concedo la última pregunta…
M.S.: Quisiera recordar que mi padre se inició en la militancia con el indigenismo, reivindicaba y admiraba a Túpac Amaru, sobre quien escribí en mi primer libro un capítulo llamado “Túpac Amaru, el Revolucionario Inca”. Y que el proceso revolucionario en América Latina no empezó con la Revolución Cubana, empezó con la conquista española con el primer genocidio en América, o sea el capitalismo empezó ahí y en la actualidad quizás cambiaron los nombres de los protagonistas pero seguimos explotados. Hubo una cultura que vino a oprimir la nuestra y por eso estamos como estamos, no sólo hay que estudiar la historia de los setenta, hay que estudiar la historia de la conquista, cómo eran nuestras sociedades, lo justas que eran. Eso hoy no se sabe, porque la gente está en otra cosa, pero la historia tiene mucho que ver con el presente.
F.M.: Marcela ha sido un placer, muchas gracias…
M.S.: No, gracias a ustedes. Muchas gracias por ayudarme a difundir mi libro.



















Gracias Fernando por entrevistarme, solo quiero agregar algo ya que no lei la entrevista antes de su publicacion es respecto a tu pregunta de porque no me interesa la politica… me parece desplazada porque si reivinidico y escribo y difundo muy bien en todo el pais, presentando mi libro en cada provincia me parece que tengo un papel en politica y un apellido sin el cual no se podria militar en difusion politica tan apropiadamente como yo puedo y lo hago, si para uds. interesarse en politica es ir a las villas o manifestar para una de las tantas org es cierto que no lo haria asi, porque cada uno aporta de la forma que le corresponde, breve si me interesa la politica no al nivel de mi padre pero no creo que en mi fla. es donde deba salir otro Comandante porque nosotros los Santuchos ya dimos bastante en contra de la injusticia social de la Argentina. Saludos militantes y AVOMPLA
Recordar a hombres y mujeres dignos de nuestra América, que entregaron sus vidas por ideales nobles, por un mundo mejor, más humano, es un acto de justicia y honestidad con nuestros pueblos y la historia, no seria posible tener hoy un desarrollo progresista y de izquierda, sin el sacrificio y entrega de tantos héroes de varias generaciones; solo comete errores quién es capaz de hacer, quizás los sueños y sin quizás, seguro no se han cumplido, pero solamente con ver el despertar de conciencias y la mejora sustancial de la vida de nuestros pueblos de América Latina, brotaría una sonrisa justa, no fue en vano, los pueblos han respondido al amor por el que sus hijos más puros y nobles ofrendaron sus vidas
Fernando me encanto tu entrvista. la rica historia vivida por M. S. que es parte de la rica historia argentina volcada en este reportaje tan claramente por Marcela, respondiendo a tu cuestionario, en donde pones de manifiesto claramente todos tus conocimientos. verdaderamente extraordinario.
Fabian, compartimos con Ud. la idea de que fue un reportaje distinto, ubicado en la época y al mismo tiempo sin perder de vista que la entrevistada era Marcela y no su papá. Muchas gracias por sus palabras. LA CMM.
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Excelente !!!muy buena entrevista,nos permite profundizar los conocimientos sobre personas/hechos y sucesos,tan importantes en la lucha popular.
Muchas gracias Adriana. Mil disculpas por el retraso de la respuesta, pero estamos desbordados por la cantidad de mensajes de amigos que ingresan a LA CMM. Abel Marchesano.
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